Thursday, November 02, 2006

NOVELA: MEMORIAS PARA BORRAR Y RECICLAR (Fragmento)

Capítulo XV “Soy bueno para señalar, mientras nadie vea lo que soy”

Llevo dos culpas, dos muertes, dos tormentos. Soy el responsable de dos almas angelicales. Yo fui quien le dijo a mi nuera que se quedara otra noche más en su casa, de haberle hecho caso, de no siempre querer tener la razón, hubiera ido al hospital, nos hubiéramos dado cuenta a tiempo, y la beba estaría ahora entre nosotros. Tendría 18 años. Sería una muñeca, como su hermanita Lucía. Pero Lucía es diferente físicamente. Ella se parece a su abuela… a Oliva.
Tiene los mismo ojos, y cuando la veo bailar cómo me recuerda a ella… a Lucía Olivares.
Por eso quise que le pusieran así. Carmelita no me lo perdona, pero ella también vive con el remordimiento de conciencia. No se atrevió ni siquiera a quejarse del nombre.
No he podido dormir en los últimos meses de mi vida, sufro de insomnio. A mi edad, vienen los fantasmas a reclamarme mi pecado. Yo no había querido darme cuenta, que Dios ya no se complacía de mí, desde hace más de 40 años. De aquel tiempo hasta ahora, yo he querido ser mi propio dios, y el dios de todos. Yo encontraba consuelo en mi poder, en mi autoridad, en mi fama, en mi “gran familia”, en mi excelente profesión. Soy un miserable, tan miserable que debería estar en una cárcel o muerto. Pero, la muerte no es mala. Te hace descansar. Sin embargo, a mí ya no me espera eternidad, ya no me esperan cielos llenos de ángeles. Me espera el mismo infierno -si no es que peor-, del que ya comienzo a vivir en estos últimos días de remordimiento y juicio.
Yo tengo muy malas cuentas qué entregar a Dios, mi familia está vacía, cimentada en principios y moralidad falsa. Yo no supe hacer lo mío. Ni si quiera he sido un buen abuelo. No lo fui, no lo soy. Mi Pablito se nos está desvaneciendo, yo no hice nada para evitarlo. No he hecho nada, me siento tan sucio con mi conciencia, que no tengo ya valor para enfrentarme a los abismos de mi nieto.
Yo qué ejemplo puedo dar, qué clase de consejos puede dar un delincuente, un asesino como yo, un ladrón de inocencia.
Me siento solo, y a veces el recuerdo de Oliva me invade el corazón. Yo en verdad la quería. Hace unos años, quise volver a aventurarme. Y me enredé con una chamaquita de la facultad. La sigo viendo a veces, y seguimos haciendo el amor. Qué deprimido estoy y aun sabiéndolo, vacío a otras personas… su juventud, el futuro de esas inocentes criaturas.
Ayer fui a ver a mi buen amigo, Valbuena, que de bueno nunca tuvo tampoco. Está muy enfermo. Ya ni puede caminar. Sé que fui imprudente, casi lo hago morir de la impresión cuando le pregunté qué había sido de Oliva. No me pudo decir nada, empezó a toser y toser. Llegaron sus nietas corriendo, y me hicieron a un lado, me pidieron que no lo agitara, porque ya está muy débil el “doctor Valbuena”… doctor. Doctor… no merecemos tal título. Ninguno de los dos. Somos tan miserables e hipócritas al jactarnos de nuestra profesión. Su gesto y la impresión que tuvo ayer con mis preguntas, me reveló en seguida lo que yo ya me imaginaba. Y era en parte obvio, la instrucción que le dio mi esposa fue dejarla ahí, hasta que se muriera.
No he parado de llorar en mis últimas noches, Oliva hubiera sido una gran doctora… una gran madre. ¿Por qué? Por qué hice eso. Por qué me importó más mi estabilidad, mi absurda idea de conservar en bienestar a mi familia, y no crearme mala fama porque mi reputación era muy buena. Soy un miserable, me siento nada, poca cosa. Cómo participé en acto tan sucio… no, no me siento nada bien. Preferiría morirme a cambio de su vida. Pero ya una vez que se muere, no se vuelve a nacer. Eso lo se, desde que estudiaba medicina. Una vez que ya eras médico, jurabas luchar por la vida de un paciente. La vida… eso es, la vida de un a paciente. No la muerte. No, la muerte es la enemiga de todo médico, se lucha contra ella todos los días. A veces me pregunto, quién es el de la última decisión… la muerte, Dios, o uno mismo. ¿Quién dicta los días que debe tener una persona? ¿Quién decide el rumbo de alguien? ¿Quién elige el destino?
Yo, quise ser Dios, no conforme con enfrentarme a la muerte día a día como oficio, me convertí yo misma en ella, y decidí ser la muerte y ser Dios. Ahora pagaré mi penitencia, conforme a mis actos. El precio de la soberbia y el egoísmo es tan alto, que ahora Lucifer vive en un infierno. Entiendo, que ni tratar de ser Dios, ni ninguna otra creación ajena a mi naturaleza, me harán bien. Yo, soy ser humano. Tuve la oportunidad de limitarme a mis oficios, de humano… a mis actividades sencillas, a lo que Dios pide, y que no es nada complicado: “amarás a tu prójimo como a ti mismo, y a Dios sobre todas las cosas”. No, no es ni si quiera una orden difícil de entender… yo no la seguí, yo ni si quiera, valoré el amor de otros… yo, yo y yo. Yo y mi gran yo.
Cómo iba ese poema…
“…por eso parto, no espero, y así seguiré el camino, hasta convertirme en cero”… hasta convertirme en cero, hasta convertirme en cero, hasta convertirme… en cero.

7 comments:

el sobaco de mi hermana said...

El cuerpo humano es un campo de batallas constantes. Se lucha contra el poder, la iglesia, el estado, la moral. Nuestras cicatrices demuestran ingobernabilidad.
El placer presupone la culpa y la culpa la omisión mas viva de nuestro ser.
Cualquier exaltación de libertad experimentada en nuestro cuerpo es acusada de libertinaje, porque nosotros decidimos sobre nuestra más íntima propiedad: la carne, la sangre, el semen y los perfumados fluidos uterinos. “El camino de los excesos conduce a la sabiduría”
Abusemos de nosotros mismos, combatamos la moral y hagamos de nuestras incipientes vidas: “Una verdadera obra de arte”.

el sobaco de mi hermana said...

El cuerpo humano es un campo de batallas constantes. Se lucha contra el poder, la iglesia, el estado, la moral. Nuestras cicatrices demuestran ingobernabilidad.
El placer presupone la culpa y la culpa la omisión mas viva de nuestro ser.
Cualquier exaltación de libertad experimentada en nuestro cuerpo es acusada de libertinaje, porque nosotros decidimos sobre nuestra más íntima propiedad: la carne, la sangre, el semen y los perfumados fluidos uterinos. “El camino de los excesos conduce a la sabiduría”
Abusemos de nosotros mismos, combatamos la moral y hagamos de nuestras incipientes vidas: “Una verdadera obra de arte”.

Alu Pineda said...

Israel Chávez:

Me dejaste con tu último post, y sin embargo pude entrelazar perfectamente tus palabras con muchas de las ideas implícitas de mi blog.

Aunque no me dejaste tu opinión, tus palabras me bastaron.

Bienvenido.

el sobaco de mi hermana said...

Jorge Volpì en su novela: El fin de la locura, entre otras cosas dice que el amor es algo que no se tiene para alguien que no lo quieres. Pero, por su parte, Roberto Bolaño, un escritor chileno (que me late a madres) dice que uno, no se enamora de alguien, se enamora de la idea de estar enamorado. pues en el enamoramiento todo es perfecto y el amor es cruel, salvaje, irónico y vil. tu que crees?

Ed Art said...

Dicen por ahi que los medicos no salvan la vida de sus pacientes, solo les devuelven la salud...

Alu Pineda said...

ISRAEL CHAVEZ:

Yo creo en ambas cosas. No puedes obligar a nadie a que te ame, ni te pueden obligar a hacerlo; pero también es una fábula, un cuento, una novela personal: enamorarse- el vicio perfecto, que produce una serie de hormonas placenteras, sensaciones únicas. Estimulante el enamoramiento, como el café, depresivo, como el alcohol, excitante como la música, inalcanzable como la luna, y una constante matemática en nuestras vidas, que no todos podemos resolver.

Alu Pineda said...

Ed art,

como siempre un gusto saber de tu existencia, más gusto saber que visitas una parte de mi corazón en este blog.

Respecto al fragmento de la novela... y tu comentario, pienso lo mismo que tú, pero algunas veces verdaderamente, se les extiende la vida a los pacientes, y de suerte, se les devuelve la vida. Ojalá que nunca se me vaya una vida, por negligencia... ojalá que no.

Besos!